30
Oct
2012

CIUDADANÍA, EMPODERAMIENTO Y TIC: NUEVOS RETOS PARA LAS ONGD

Jorge Castañeda Pastor
Jorge Castañeda Pastor
Responsable de movilización social y desarrollo de sedes @ongawa4d. http://developmentneedscitizens.wordpress.com/

El concepto de empoderamiento está muy relacionado con el de ciudadanía global que plantea un modelo social y político en el que cada persona “es consciente de su pertenencia a una comunidad local y global, se compromete activamente en la construcción de un mundo más justo y sostenible, contribuyendo a erradicar la injusticia y la pobreza”.

Tradicionalmente, han sido las ONG de Desarrollo (ONGD) las que han fomentado la construcción de ciudadanía activa en la lucha contra la pobreza a nivel internacional. Sin embargo, el uso cada vez más habitual de las TIC puede suponer un cambio importante en este ámbito, asumiendo los individuos, al margen de las organizaciones, parte de este liderazgo de las movilizaciones a favor del desarrollo.

De esta manera, en la actualidad, cualquier persona con un ordenador, y/o un teléfono móvil y una conexión a Internet puede poner en marcha su propia campaña de sensibilización y movilización social.

Tomemos, por ejemplo, cualquier tema vinculado al trabajo de las ONGD. Una persona interesada en él podría apoyar una de las campañas existentes, o bien poner en marcha la suya propia y ¡hacerlo gratis! Sólo necesita un poco de tiempo. En este caso, podría:

Elaborar los argumentos de la campaña con la información que obtenga de una simple búsqueda en Google y mostrársela al resto del mundo en un blog. Hacer llegar sus solicitudes hasta el mismísimo presidente del gobierno a través de Twitter. O escribir sus demandas en el muro de Facebook de su partido. Utilizando la viralidad de las redes sociales, conseguir que cientos, miles de personas, le envíen ese mismo mensaje o uno similar. A través de SMS o WhatsApp, bajo la idea del “pásalo”, multiplicar la incidencia de la acción. También podría conseguirlo a través de plataformas como Actuable u Oiga.me. Incluso conseguir recursos económicos para financiar la campaña a través de cualquiera de las plataformas de crowdfunding que actualmente existen, sin tener que ponerlos de su bolsillo o presentar un proyecto a un posible financiador externo.

Por tanto, las TIC nos abren un inmenso abanico de posibilidades a desarrollar como ciudadanos y ciudadanas.

Estas opciones no son un hecho aislado, sino que se enmarcan en un momento de cambio social en el que, por una parte, las personas muestran una tendencia creciente a organizarse de manera informal para dar respuesta a situaciones que consideran injustas y, por otra, aparece cierto desinterés por las entidades y sus marcas, que se ven sustituidos, como palanca de la movilización social, por causas concretas.

Hoy en día, por tanto, la ciudadanía tiene información fácilmente disponible, puede organizar sus propias movilizaciones e incidir sobre los poderes económicos, políticos y mediáticos, sin la intermediación de ninguna organización. Y para todo ello puede utilizar las TIC como herramienta clave, como gran aliado.

Esta situación, ¿supone una amenaza o una oportunidad para las ONGD?

Desde mi punto de vista, si las ONGD quieren convertirlo en una oportunidad, no podrán seguir trabajando con los mismos criterios y estrategias con las que lo han hecho hasta ahora, tendrán que adaptarse si quieren mantener un lugar destacado en la vanguardia de los cambios sociales. Si no lo hacen, corren el riesgo de que buena parte del valor añadido que aportan se torne irrelevante.

Hablaré de esta transformación necesaria centrándome en el caso de las redes sociales, las herramientas más accesibles para la mayoría de la población. Y los dividiré en tres grandes apartados.

1. Cambios en las culturas organizativas

A nivel interno, uno de los principales retos es cambiar la visión que se tiene de las redes sociales. Aunque se están dando pasos en este sentido, todavía las ONGD no les sacan todo el partido posible como herramientas horizontales, participativas y empoderadoras y como fuente de vínculos entre personas y entidades. Deberían eliminarse modelos de transmisión unidireccional de información que sólo crean ciudadanos pasivos o como máximo una base social digital dirigida, formada por meros difusores o retuiteadores.

En este sentido, algunos pasos que deben dar las ONGD para ir adquiriendo una actitud 2.0 son los siguientes:

Asumir que más conversación con la ciudadanía es incompatible con los actuales modelos de gestión de la comunicación, que hasta ahora han estado más centrados en difundir contenidos de manera unidireccional que en el establecimiento de vínculos y promoción de procesos sociales participativos.

En línea con lo anterior, ser conscientes de que las redes sociales son herramientas para intercambiar ideas y participar, y no un canal para lanzar mensajes (para esto ya hay otras herramientas como las páginas web). Perder el miedo al error. Las redes sociales deben considerarse como “plazas digitales” en las que conversar. Como en la comunicación “tradicional”, los errores se rectifican con naturalidad, sólo que en este caso se hace a través de otro post, otro tuit u otra publicación en el muro.

2. Cambios en las estrategias de trabajo con la base social

Una vez asumido todo lo anterior, se puede comenzar el trabajo de empoderamiento de la ciudadanía, que debería empezar por el círculo de personas más cercano a las organizaciones, sus propias bases sociales.

En este sentido, debe partirse de que el diálogo con la ciudadanía debe ser una tarea de toda la organización. No es un objetivo exclusivo de los departamentos de comunicación, que tienen que compartir la gestión de las redes con el resto de departamentos. Deberían, asimismo, fomentar que sus miembros tengan perfiles en redes sociales: dar opciones para que grupos de trabajo, sedes, delegaciones, profesionales, voluntarios y socias hablen en nombre de la organización, incluso con perfiles institucionales.

El papel de los departamentos de comunicación no debería ser tanto el de gestionar las redes en exclusiva, como el de acompañar, asesorar y fomentar que la organización como entidad y sus miembros usen las redes sociales como herramientas al servicio de los objetivos institucionales.

3. Cambios en las estrategias de trabajo para la construcción de ciudadanía

A nivel externo, las ONGD deben incrementar su apuesta por incorporar las TIC al objetivo de contribuir a crear un movimiento ciudadano global a favor de la lucha contra la pobreza. En este movimiento, cada persona, individualmente o de manera colectiva, a través de las redes sociales, se convierte en un auténtico agente de cambio, con capacidad, sólo o con el apoyo de otros, de lanzar campañas y de ser voz de causas sociales.

Para este objetivo –y teniendo en cuenta el escenario descrito anteriormente- las ONGD deben asumir que el papel protagonista, de liderazgo de los procesos de movilización e incidencia, no tiene por qué recaer sobre ellas mismas, sino que puede hacerlo sobre otras organizaciones, grupos de personas o particulares. Deben, entonces, sumarse, como un nodo más, a esta red ciudadana, implicándose activamente en aquéllos aspectos en los que puedan aportar mayor valor añadido.

En este sentido, desde mi punto de vista, las ONGD pueden hacer grandes contribuciones en los tres ámbitos siguientes:

a. Promoción de la red ciudadana

Aunque podemos considerar 2011 como el año de las movilizaciones a través de las redes sociales y es evidente que se trata de un movimiento creciente, todavía es minoritario y está poco centrado en cuestiones relacionadas con la pobreza a nivel internacional.

En este sentido, el papel de las ONGD puede ser de agente de promoción, para que toda la capacidad creativa y movilizadora que empieza a surgir en la ciudadanía se incorpore a las reivindicaciones a favor de la lucha contra la pobreza. Para ello, las ONGD podrían contribuir a crear una cultura de la movilización en torno a sus temáticas, mediante, por ejemplo:

La puesta en marcha de acciones informativas y campañas de difusión sobre el poder de la ciudadanía y su capacidad de incidencia a través de esta tecnología, ofreciendo ejemplos exitosos y buenas prácticas. La identificación de posibles nodos de esa red, así como la creación de vínculos y canales de comunicación entre ellos. El trabajo en red con otras organizaciones para incorporarlas a este objetivo de promoción de una ciudadanía empoderada a través de las TIC.

b. Mejora del impacto de las acciones

Para ello las ONGD pueden:

Fortalecer las capacidades de cada uno de los nodos de la red: destinar recursos a ofrecer ideas, mejorar sus conocimientos y formación para asegurar el éxito de sus acciones. Deben aportarse “cajas de herramientas”, manuales de gestión de las TIC, estrategias de movilización, etc.

Apoyar sus acciones, incluso con recursos -económicos, materiales o personales- que se consideren relevantes y acordes a los objetivos de la organización.

Constituirse en altavoces de las acciones de estos nodos, fomentando el apoyo por parte de otros para multiplicar su impacto. Aportar información, argumentos, datos, objetivos de incidencia, etc.

c. Contribuir a la sostenibilidad

Para asegurar la sostenibilidad de todo este movimiento, las ONGD deben tratar de fomentar el sentimiento de comunidad, ya que cuando las personas se ven arropadas por otras pierden el miedo a hacer oír su voz. Deben potenciarse espacios de intercambio, tanto presenciales como virtuales.

Uno de los principales valores añadidos que pueden aportar en este sentido es aprovechar su presencia en varios países y continentes para conectar el activismo de los países del Norte con los del Sur, fomentar el apoyo mutuo de la ciudadanía de diferentes lugares, para crear un auténtico movimiento global comprometido con el desarrollo a nivel planetario.

CONCLUSIÓN

Las ONGD tienen mucho que decir en la promoción de la ciudadanía activa pero es necesario que incorporen las TIC como uno de los pilares para esta tarea. En el caso concreto de las redes sociales, para adaptarse al actual contexto, son necesarios cambios que permitan potenciar su papel como herramientas al servicio del empoderamiento de una ciudadanía comprometida en la lucha contra la pobreza. El primero de esos cambios es, precisamente, incorporar una visión empoderadora de estas redes que debe calar en la cultura y estructuras organizativas, especialmente en lo que respecta a sus bases sociales. Una vez superada esa fase, en el nivel externo, las ONGD deberán asumir un papel diferente, como un nodo más de una red movilizada en la lucha contra la pobreza, aportando sus recursos y experiencia a la promoción, mejora del impacto y sostenibilidad de dicha red.

LINKS

Véase http://www.empodera.org/filosofia/

Véase http://www.ciudadaniaglobal.org/ciudadaniaglobal

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